Happy Hour!
Un día maravilloso…
✅ María Olguin
Todos hemos escuchado la famosa frase «¿se ha terminado la Hora Feliz?». Pero antes de hacer ese pedido de última hora, alguna vez te has preguntado cuáles son los inocentes origenes de las horas felices. O Happy Hour!
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Esta historia tan revuelta es hoy sinónimo de un súper descuento en la bebida, en una tarde o noche donde muchas veces protagonizamos lamentables interpretaciones de karaoke con traje y corbata y bebemos más de la cuenta, hasta sufrir una terrible resaca.
Los orígenes de la Hora Feliz no están del todo claros. Como frase, la «hora feliz» no es nada nuevo. En «El Mercader de Venecia», Lorenzo le dice a Portia: «Los pensamientos justos y las horas felices te acompañan». O sea, el concepto básico de pasar una «hora feliz» es tan antiguo como el buen humor y el tiempo libre.
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A puñetazo limpio
La Hora Feliz tuvo sus primeras asociaciones con los adultos socializando en la Marina de EEUU. Hay evidencia de una «Hora Feliz» oficial ya en 1914, con un grupo de «amas de casa» coordinando dichas horas llamadas la «Hora Feliz Social».
Estas horas felices eran más inocentes, aunque incluían combates de boxeo. No importa quién ganó la pelea del 17 de abril de 1914 («Stickney vs. Dalton»), pero sí es justo recordar que aquel espectáculo estaba muy lejos de los daiquiris de hoy a mitad de precio.
No es que el alcohol no acompañara a esas horas felices (la Marina incluso permitía beber dos o tres vasos de vino), pero eso no duró mucho. En junio de 1914, la Armada emitió la Orden General 99:
«Está estrictamente prohibido el uso o la introducción de licores alcohólicos con fines de consumo a bordo de cualquier buque de la Armada, o dentro de cualquier astillero o estación de la Armada». Las Happy Hours navales continuaron, pero se volvieron menos felices.
Gracias a la Ley Seca
¿Cómo hizo la «Hora Feliz» para pasar de los puñetazos entre los marineros gringos a las reuniones con jarras de cerveza y las alitas de pollo de dólar? Cuando se aprobó la Ley Volstead (Ley Seca), todos dejaron de beber durante 13 años. Dejaron de beber en público, no en secreto.
Así que, como los jóvenes antes del baile de graduación, los estadounidenses de la época de la prohibición bebían juntos en secreto en una especie de fiesta de la «hora feliz» de rápida intoxicación.
Aún así, estas no fueron designadas como «horas felices». Pero, la tradición de beber en grupo se transformó en una moda. El término «Happy Hour» tropezó con la denominación de ‘bebidas de descuento’ en algún momento a finales de los años 40 o principios de los 50, después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1951, el periodista Art Ryon escribió en el diario «The Los Angeles Times»: «Si crees que la gente ha perdido la conciencia de los precios, deberías ver la estampida en una taberna del Valle durante su ‘Happy Hour’ de 5 a 6 p.m.'».
Y luego, en 1959, Harold Martin en el diario «The Saturday Evening Post», escribió sobre los empleados de la Base Aérea Patrick de Cabo Cañaveral: «Llegan a los bares en busca de un lugar donde un hombre, sin descuidar su trabajo, pueda encontrar tiempo para vivir una «hora feliz»…».
La «hora» de los franceses
No debemos dejar en el tintero un argumento a favor de los orígenes franceses. En «Alcohol: A History», Rod Phillips señala el surgimiento de una especie de «Happy Hour» en París a finales del siglo XIX.
La escasez de vino hizo que la gente, sobre todo la aristocracia, se volviera a los licores fuertes en busca de sus intoxicantes diarios, sobre todo la absenta.
«Se hizo popular en los bistros y bares de París en 1860 y 1870, cuando a las cinco de la tarde, la hora después del trabajo, la gente bebía absenta, apodada el Diablo Verde, en ‘l’heure verte’, o la hora verde».
Una vez más, incluso esta versión de Happy Hour no incorpora la idea de los grandes descuentos que, si somos honestos, es una de las únicas razones por las que muchos de nosotros soportamos a las grandes multitudes.
Hace 50 años, sin embargo, la Hora Feliz ya significaba bebidas especiales, y los bares y restaurantes de todo el mundo sabiamente se aprovechaban de ella.
La idea básica es que el aumento de la demanda compensa la disminución del costo. Por no mencionar que si te zambulles en la parte más profunda de la Happy Hour de cualquier bar, hay grandes posibilidades de que te quedes mucho más allá de las horas de descuento.
Prohibido ser feliz
Desde la década de 1980, cuando Massachusetts se convirtió en el primer estado de EE. UU. en prohibir la Hora Feliz (sí, parece como si se prohibiera la Navidad alcohólica), hubo cierto impulso de reacción (11 estados han seguido con prohibiciones totales).
Otros estados intentan regular la Hora Feliz (por ejemplo, prohibir las «bebidas ilimitadas»). Y algunos estados (18, más Washington, D.C.) no prohíben ni intentan regular en absoluto.
Mientras tanto, todos los carteles de Happy Hour que se exhibían a lo largo de la popular avenida Ocean Drive en Miami Beach (Florida) fueron retirados después de que el Ayuntamiento aprobara una orden que prohíbe estos anuncios.
Según el Alcalde, los comisionados de la ciudad votaron esta orden atendiendo a quejas de turistas y residentes, quienes afirmaron que las llamativas promociones colocadas afuera de los negocios no se cumplían una vez dentro de los establecimientos.
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1. Todo comenzó en un barco…
A principios del siglo XX, los marineros inventaron un ritual para no volverse locos en alta mar: una hora diaria de entretenimiento, bebidas y peleas amistosas. Lo llamaron Happy Hour. Era eso o hablarle a las gaviotas.
2. Un acto de resistencia.
Cuando en 1920 prohibieron el alcohol en Estados Unidos, la gente no dejó de beber: simplemente lo hizo antes de ir a los restaurantes, donde no podían servir alcohol. Así nació el “precopeo” original. El Happy Hour era básicamente un warm-up clandestino.
3. La felicidad vende.
Tras la Ley Seca, los bares necesitaban clientes. ¿Solución? Ofertas temporales para atraer multitudes. La fórmula fue tan efectiva que los dueños empezaron a sospechar que la gente no iba solo por la bebida… sino por el descuento.
4. Un símbolo de modernidad.
Oficinas grises, jefes autoritarios, corbatas apretadas. La gente necesitaba una válvula de escape. Los bares se llenaron de ejecutivos que pedían martinis como si fueran vitaminas. Era la época dorada del “trabajo duro, beber más duro”.
5. Un fenómeno global.
Las aerolíneas lo adoptaron. Los hoteles lo institucionalizaron. Los turistas lo exportaron. Y así, sin querer, el Happy Hour se volvió el Esperanto del ocio.
6. Algunos países lo prohibieron…
Irlanda, por ejemplo, lo vetó durante años porque generaba “consumo excesivo”. Traducción: la gente se tomaba el descuento demasiado en serio.
7. Parte del after-work corporativo.
En Japón lo llaman nomikai, y aunque no es exactamente lo mismo, comparte espíritu: beber para liberar tensiones y decirle al jefe lo que no te animás a decir sobrio. Después todos fingen que no pasó.
8. En Latinoamérica…
En México se volvió el reino de las margaritas. En Brasil, de las caipirinhas. En Argentina, del fernet sospechosamente barato. En Colombia y Venezuela, un mar de cervezas. Cada país lo adoptó como si fuera propio.
9. De marketing a ciencia.
Estudios, focus groups, psicología del consumidor. Conclusión: La gente es más feliz cuando cree que está ganando. Aunque sea un 2×1 que no necesitaba.
10. Un ritual global.
No importa el país, la cultura o el idioma: a las 6 pm, el mundo entero parece ponerse de acuerdo en una sola cosa: es hora de ser feliz… con descuento.
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