¿Los alimentos que comemos son siempre seguros?

Mucho ha cambiado en 80 años, incluso para los esquimales.

Kevin Franco

BEBERBIEN. Si uno quiere mantenerse saludable, entonces debe buscar «mejorar los hábitos alimenticios». Pero, ¿los alimentos de esta época, permiten el crecimiento y la reparación de los tejidos, o proporcionan una nutrición adecuada y estimulante a nuestra mente y cuerpo?

Un buen ejemplo de que vamos de mal en peor: en 1880 había alrededor de 2.8 casos de diabetes por cada 100.000 personas. Luego, en 1949, saltó a 29.7 casos de diabetes por cada 100.000 habitantes. Después, las estadísticas se dispararon. Por supuesto, durante ese período no había distinción entre diabetes tipo I y diabetes tipo II, se la conocía simplemente como diabetes.

Hoy, la diabetes tipo II por sí sola afecta a alrededor del 20% de la población en los países desarrollados. La causa está directamente relacionada con la re-ingeniería de nuestro suministro de alimentos, que durante cientos de años fue natural. Pero, desde hace 80 años, los nutrientes esenciales han sido borrados del mapa alimenticio.

El problema es aún más peligroso. Mientras vemos el aumento de la diabetes, también debemos tomar nota de lo que ocurrió en la industria alimentaria, darnos cuenta de las muchas coincidencias que existen entre la corrupción casi completa de nuestro suministro de alimentos y la epidemia de enfermedades.

Desde hace 200 años, siempre han sido las enormes ganancias el factor de motivación para crear alimentos artificiales. Un francés llamado Hippolyte Mege-Mouries inventó lo que ahora se conoce como Margarina. Lo hizo para ganar un concurso patrocinado por Napoleón III para la invención de una grasa de mesa apetitosa. Basado en los estándares actuales, esta margarina no era muy apetecible, ya que consistía en cosas como grasa de cerdo, gelatina, lejía, puré de patatas y yeso. Sí, ¡yeso!

Alrededor de 1911, el negocio de la grasa artificial comenzó a despegar. Fue también ese mismo año que el aceite Crisco apareció en la escena alimenticia. Pero, no fue hasta la Segunda Guerra Mundial que la margarina finalmente se hizo popular en Estados Unidos. Antes, había leyes restrictivas contra la margarina, pero de la noche a la mañana se convirtió en el alimento básico de la dieta, al igual que el pastel de manzana. Y poco después, la manteca artificial de cerdo.

Fue también durante este mismo período que los aceites refinados hicieron grandes incursiones en el mercado y se convirtieron en atractivos para el consumidor. Parece que nadie se dio cuenta de que cuando se derramaba alguno, espantaba a los insectos.

Para entonces, era muy evidente que esos aceites artificiales y otros productos habían nacido para quedarse. Nadie pensó en las consecuencias a largo plazo sobre la salud de estos alimentos baratos. El mercado ha sido proliferado por una ciencia mercantilista que pretende cambiar los hábitos alimentarios de los consumidores. Y lo está logrando.

En su momento, la idea completa era desterrar a los consumidores de la grasa animal, la grasa vegetal prensada en frío y las semillas que habían funcionado y eran saludables durante generaciones, y atraerlos a nuevos aceites refinados. Para convencer a millones, varios productos naturales fueron declarados «malos» por vendedores que se hacían pasar por científicos.

El esquimal americano, cuya dieta consistía en un 60% de grasa animal, permaneció sano sin signos de diabetes. Pero, después de enriquecerse con sus ingresos por la pesca, adoptaron la típica dieta americana de alimentos artificiales.

A medida que aumentaban los estudios científicos, las compañías petroleras afirmaron el valor de los aceites «poliinsaturados» o «monoinsaturados» para la buena salud de las personas. Aún no hay ley alguna que diga que deben decirles la verdad a los consumidores, que una «trans fat» poliinsaturada y una monoinsaturada son venenosas.

De acuerdo a lo anterior, se hace más evidente que la salud continuará empeorando, y más y más personas seguirán en el camino de convertirse en diabéticos Tipo II. Es decir, camino a la muerte, aunque en estos casos la industria farmacéutica también gana «billones».

ÁCIDO GRASO TRANS. Los ácidos grasos trans, también popularizados como grasas trans. Son un tipo de ácido graso insaturado que se encuentra principalmente en alimentos, su ingesta excesiva puede ser perjudicial para el organismo. Están principalmente en productos industrializados que han sido sometidos a hidrogenación.

Los ácidos grasos trans no solo aumentan la concentración de lipoproteínas de baja densidad (LDL) en la sangre sino que disminuyen las de alta densidad (HDL), lo que coloquialmente se denomina el «colesterol bueno», dando lugar a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

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