Hubo un tiempo en que para pedir una cerveza en Ecuador, bastaba con levantar la mano y esperar una botella ámbar, fría y uniforme. Sin embargo, en la última década, el paladar nacional ha sufrido una metamorfosis. Lo que empezó como un experimento de garaje en ciudades como Quito y Cuenca, hoy es una industria que desafía el monopolio del sabor industrial.
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Caminar por el barrio de La Floresta en Quito o el centro histórico de Cuenca es encontrarse con una oferta que no tiene techo. IPA, Stout, Pale Ale y Sour ya no son términos extranjeros, sino pedidos cotidianos.
Diversidad: Hay más de 150 microcervecerías registradas en el país.
Identidad: El uso de ingredientes locales como el cacao arriba, la guayusa, la maracuyá y hasta la quinua ha dado a la cerveza ecuatoriana un estilo único.
Premios: Ecuador figura con fuerza en la Copa Cervecera de las Américas, llevándose medallas de oro que validan la calidad del agua de los Andes y el ingenio de sus maestros cerveceros.
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Un Gigante no se queda atrás.
Mientras las artesanales conquistan los nichos premium, la industria masiva —liderada por Cervecería Nacional— ha tenido que adaptarse para no perder el paso. La estrategia ha sido la segmentación.
Ya no solo existe la «rubia» tradicional; han aparecido versiones de trigo, ediciones limitadas por fiestas locales y una apuesta agresiva por la cerveza sin alcohol, respondiendo a una tendencia global de consumo consciente que ha calado hondo en los jóvenes ecuatorianos.
«Beber cerveza en Ecuador ya no es solo un acto de hidratación social; es una experiencia de cata. El ecuatoriano aprendió que la cerveza tiene cuerpo, aroma y, sobre todo, una historia detrás», comenta un sommelier local.
El auge de la cerveza en Ecuador es, en esencia, una historia de rebelión contra lo genérico. En un país que tradicionalmente se definía por el café o el cacao, la malta ha reclamado su lugar en la mesa, demostrando que, cuando hay calidad, el público está dispuesto a probar algo nuevo, un sorbo a la vez.
La «olla» de creatividad.
Los maestros cerveceros ecuatorianos han dejado de intentar copiar fielmente las recetas alemanas o británicas para empezar a mirar hacia la Amazonía, los Andes y la Costa. Una selección de los ingredientes más exóticos y sorprendentes que están definiendo la «identidad líquida» del país.
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1. Frutos y hierbas sagradas.
Muchos cerveceros utilizan botánicos que antes solo se encontraban en infusiones medicinales o rituales indígenas.
Guayusa: Originaria de la Amazonía, esta hoja aporta una dosis extra de cafeína y un sabor terroso y limpio. Es común en Pale Ales para dar un «punch» energético.
Taxo (Curuba): Esta fruta andina, extremadamente ácida y aromática, es la pareja perfecta para las cervezas tipo Sour o Gose. Aporta una acidez punzante que limpia el paladar.
Ishpingo (Flor de Canela): Utilizado en la Colada Morada, este ingrediente amazónico da notas especiadas, dulces y amaderadas a las cervezas oscuras como las Stout o Porter.
2. El tesoro del cacao y el café.
Ecuador es potencia mundial en estos granos, y la cerveza no ha desaprovechado el recurso.
Mucílago de Cacao: Esta es la pulpa blanca que recubre el grano. Es dulce y floral, y se usa para fermentaciones experimentales que resultan en cervezas blancas con perfiles tropicales increíbles.
Nibs de Cacao Fino de Aroma: No solo dan sabor a chocolate, sino que aportan una textura sedosa y un amargor elegante que complementa al lúpulo.
Aquí tienes una selección de los ingredientes más exóticos y sorprendentes que están definiendo la «identidad líquida» del país:
3. El ají y las especias locales.
Para los paladares más aventureros, han surgido las «Chilli Beers» ecuatorianas. Utilizan variedades como el Ají de Gallinazo o el Ají para Seco para crear una sensación de calor en la garganta que contrasta con el frío de la cerveza.
Dato Curioso: Algunas microcervecerías en Galápagos están experimentando con agua de mar (desalinizada parcialmente) para recrear estilos históricos como la Gose alemana, que requiere un toque salino natural.
Este uso de ingredientes locales no es solo marketing; es una estrategia de soberanía alimentaria y una forma de reducir la dependencia de insumos importados, que suelen ser costosos debido a los aranceles.
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Para los amantes de la malta, Ecuador ofrece una ruta que combina historia colonial, vanguardia gastronómica y paisajes andinos. Aquí una propuesta para un «Beer Trip» por las tres ciudades clave:
1. Corazón de la Revolución.
Quito, la capital, es el epicentro del movimiento. Puedes empezar en el Centro Histórico y moverte hacia el norte.
Bandido Brewing: Ubicada en una antigua casona colonial que incluso tiene una capilla interna en el barrio de San Blas. Es famosa por su ambiente rústico y cervezas como la Honey Ginger.
Sinners Microcervecería: Recientemente galardonada con la Mejor Cerveza de Café del Mundo 2024 por su Capuccino Sweet Stout. Tienen locales en La Pradera y La Floresta.
Andes Brewing: Ideal para probar sabores experimentales inspirados en tradiciones locales, como su cerveza de «colada morada».
2. Europa en los Andes.
Cuenca se distingue por su influencia europea y un ambiente más relajado y bohemio junto al río Tomebamba.
Golden Prague Pub: Una experiencia checa auténtica. Utilizan ingredientes importados de la República Checa para elaborar lagers tradicionales en el corazón de Cuenca.
Jodoco Belgian Brew: Inspirada en Fray Jodoco Rique (quien trajo la primera cebada a Quito en el siglo XVI). Se especializan en estilos belgas y su local en la Plaza de San Sebastián es icónico.
3. Refrescando el Trópico.
En Guayaquil, el Puerto Principal, la cerveza artesanal lucha contra el calor con estilos más ligeros y frutales.
Cherusker: Con su local en Urdesa, es el referente de la tradición alemana en la costa. Sus cervezas siguen la Ley de Pureza de 1516 pero con el toque vibrante de Guayaquil.
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