Paraíso del mate

Se bebe más mate que agua…

Paraíso del Mate en Beber Bien

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🟩 Alejandro Francomano

Paraíso del Mate, un recorrido por la tradición de un país que siempre ha sido difícil de explicar desde las estadísticas. Con tres veces más vacas que habitantes, sin grandes montañas ni selvas, sin petróleo ni minerales estratégicos, Uruguay parecería condenado a la discreción.

Sin embargo, hay un territorio donde Uruguay reina sin discusión: esa infusión ritual que en el país se bebe más que el agua. De 3.500.000 habitantes, dos millones y medio toman mate. Es decir, casi el 80 % de la población.

En Uruguay, el mate es un ecosistema cultural, un símbolo nacional y un motor económico que ha convertido al país en un inesperado paraíso para la yerba mate. Para la mayoría, el mate es más importante que el agua y el vino.

El mate es una tradición compartida de origen guaraní, consumida en Paraguay, Argentina, Uruguay y sur de Brasil. Aunque Argentina es el mayor productor mundial, Uruguay tiene el mayor consumo per cápita.

Bajo el brazo

En la rambla de Montevideo, a las ocho de la mañana, el viento del Río de la Plata corta la cara. Aun así, la gente camina con un termo bajo el brazo como si fuera una extremidad más. Entre ellos está Lucía Bentancur, estudiante, que sostiene un mate de calabaza con una bombilla de acero.

“El mate me ordena el día. Si salgo sin él, siento que me falta algo. Es como no llevar el celular, pero peor”, dice riéndose.

Lucía cuenta que en su facultad de arquitectura hay más termos que mochilas. “En los talleres, el mate va pasando. Es parte del ritmo de trabajo”.

Secreto del mate…

La paradoja: Uruguay no cultiva yerba mate, pero ha desarrollado un estilo propio que conquistó paladares dentro y fuera del país.

En una planta de molienda en el departamento (o provincia) de Canelones, Héctor Silva, ingeniero agrónomo y responsable de calidad, explica el fenómeno mientras sostiene un puñado de yerba recién procesada.

“La yerba uruguaya es intensa. Tiene más polvo, más cuerpo. No es para tibios”, dice con orgullo. “Nosotros no producimos la hoja, pero sí producimos el sabor. Y eso es lo que nos distingue”.

Héctor muestra los depósitos donde la yerba se estaciona durante meses. “El estacionamiento es clave. Le da suavidad, equilibrio. Es como el vino: necesita tiempo”.

Embajador.

En Barcelona, donde vive una comunidad uruguaya creciente, el mate es una postal cotidiana. En el barrio de Gràcia, Martín Cabrera, un uruguayo que emigró hace diez años, atiende una pequeña tienda de productos rioplatenses.

“Al principio venían solo uruguayos y argentinos. Ahora vienen españoles, italianos, franceses. Quieren probar ‘la yerba fuerte’, como dicen ellos”, cuenta mientras acomoda paquetes de yerbas Canarias y Sara en un estante.

Martín asegura que el mate es en un puente cultural inesperado.

“Cuando alguien me ve con el termo, me pregunta qué es. Y ahí empieza la charla. El mate te obliga a conversar, incluso en otro país”.

Innovación.

En un pequeño taller de la ciudad Las Piedras, Mariela Rodríguez, diseñadora industrial, fabrica accesorios materos que vende por internet. Sus productos —bases antideslizantes, fundas térmicas, soportes para autos— se exportan a Estados Unidos y Europa.

“El uruguayo es exigente con el mate. Si algo gotea, si se enfría, si la bombilla se tapa, te lo reclama. Eso nos obligó a innovar”, explica mientras muestra un prototipo de mate térmico.

Mariela sonríe cuando le preguntan por la moda global del mate.

“Para nosotros no es moda. Es identidad. Pero si el mundo quiere sumarse, bienvenido sea”.

Ritual social.

En una plaza de la ciudad de Durazno, al centro del país, un grupo de jubilados juega a los naipes bajo la sombra de un plátano. El mate circula entre ellos con la precisión de un mecanismo antiguo. El cebador, Don Ernesto, de 78 años, habla sin dejar de cebar.

“El mate es compañía. Cuando enviudé, hace quince años, el mate me ayudó a no sentirme solo. Es una presencia. No te habla, pero te acompaña”.

Sus amigos asienten. Uno de ellos agrega: “Y además te mantiene despierto para ganar al truco” (juego de naipes), provocando risas.

En expansión.

En una oficina del Ministerio de Industria, Carolina Méndez, economista especializada en agroindustria, analiza gráficos de consumo y exportación.

“Uruguay importa yerba, pero exporta valor agregado. Exporta marca. Exporta cultura”, explica. “El crecimiento en Europa y Estados Unidos es notable. Y no es solo por la diáspora: hay un interés genuino por el ritual”.

Carolina cree que el mate tiene un potencial turístico enorme.

“Así como Argentina tiene el tango y Brasil tiene la caipirinha, Uruguay tiene el mate. Es un símbolo que puede atraer visitantes”.

Pequeño gigante.

Uruguay encontró en el mate algo que trasciende lo gastronómico. En un mundo acelerado, digital y fragmentado, el mate ofrece lo contrario: tiempo, conversación, pausa, comunidad.

Quizás por eso Uruguay —ese país tranquilo, modesto, casi invisible en el mapa— se ha convertido en el corazón simbólico del mate. No por producir la hoja, sino por producir el sentido.

Como dice Don Ernesto, mientras ceba otro mate en una plaza: “El mate no es para apurarse. Es para estar. Y eso, m’hijo, es lo que más falta hace hoy”.

Paraíso del Mate en Beber Bien

Historia.

Los gauchos del siglo XIX no usaban termos. El termo, tal como lo conocemos hoy, es una adición mucho más reciente a la cultura matera.

En esa época, el mate se tomaba estrictamente «al pie del fogón». El agua se calentaba en una pava de hierro o cobre (o un simple jarro) directamente sobre las brasas.

Social y Estático: Debido a la falta de un recipiente térmico, el mate era una actividad principalmente sedentaria o de descanso.

Pava y Fogón: El cebador permanecía junto al fuego para mantener la temperatura del agua. Si el gaucho estaba de viaje, debía detenerse, encender un fuego y calentar el agua cada vez que quería matear.

1920 – 1940: Aparecieron los primeros frascos de vacío metálicos o de vidrio, pero eran objetos de lujo o para expediciones.

1960 en adelante: Fue recién en la segunda mitad del siglo XX cuando el termo se volvió un elemento cotidiano, permitiendo que el mate «saliera a la calle» y se volviera una actividad nómada.

En el siglo XIX, si un gaucho quería transportar agua caliente por un trayecto corto, a veces envolvía la pava en cueros o telas gruesas, pero la pérdida de calor era rapidísima. La imagen del gaucho con el termo bajo el brazo es, históricamente, un anacronismo.

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URUGUAY

Hay bebés que salen de la maternidad con un chupete. El uruguayo promedio sale con un termo Stanley y un mate de calabaza. Es genética.

Lo llevan no para tomarlo: para romper el hielo. Si el entrevistador acepta un mate, ya está: contratado. Si lo rechaza… bueno, siempre queda Argentina.

La molienda es tan fina que parece harina. Un sorbo y te despierta recuerdos de vidas pasadas. Los extranjeros lo describen como “una experiencia espiritual no consensuada”.

Uruguay es un panel de expertos sobre yerba. Todos saben cuál es la mejor marca, la mejor bombilla y la mejor temperatura del agua. Y todos están en desacuerdo entre sí.

En el siglo XVIII dijeron que era “la bebida del diablo”. El uruguayo respondió: “Bueno, pero si el diablo ceba rico, que venga”.

Prestás el auto, prestás la novia… Pero la bombilla no se presta. Eso es como prestar la contraseña del banco.

En verano, 35 grados, humedad del 90 %, sol que derrite veredas… y ahí está el uruguayo, tomando mate como si nada. El tereré (mateo frío) existe, sí, pero en Uruguay es una leyenda urbana.

Hay gente que combina el termo con la ropa. Otros lo llevan como si fuera un bolso Louis Vuitton. Y algunos lo usan para medir distancia social: si el termo no pasa, estás demasiado cerca.

Acompaña rupturas, mudanzas, exámenes, domingos de lluvia y lunes de oficina. No da consejos, pero escucha mejor que muchos humanos.

Fútbol, izquierda, derecha, campo, ciudad… Todos discuten por todo. Pero si aparece un mate, se firma la tregua. Al menos hasta que alguien lo lave mal. Cuando se habla que un mate está lavado, es porque perdió sabor. La yerba se empapó, liberó todas sus propiedades y ya no ofrece sabor alguno. En ese punto, la infusión se vuelve aguada. Hay que cambiar la yerba y arrancar de nuevo.

Contiene cafeína, pero en una dosis más moderada que el café. Resultado: te despierta sin dejarte temblando.

La combinación de cafeína + antioxidantes ayuda a mantener la mente enfocada. Por eso es el mejor amigo del estudiante uruguayo.

La yerba mate contiene compuestos que ayudan a combatir el estrés oxidativo. En otras palabras: es como un pequeño escudo para tus células.

Tradicionalmente se lo asocia con un efecto digestivo suave. Ideal para acompañar charlas largas después del almuerzo.

Aunque sea caliente, sigue siendo líquido. Y en Uruguay se toma todo el día, así que agua no falta.

Cebar, esperar, compartir. El mate obliga a bajar un cambio y crear un momento de pausa.

El mate es un puente social. Compartirlo genera cercanía, conversación y confianza.

La cafeína y otros compuestos estimulan el sistema nervioso. Perfecto para mañanas lentas o tardes eternas.

La yerba aporta pequeñas cantidades de vitaminas y minerales como B1, B2, potasio y magnesio. No reemplaza una dieta, pero suma.

Más allá de lo físico, el mate acompaña: estudio, trabajo, viajes, duelos, celebraciones. Un beneficio que no aparece en ninguna etiqueta, pero que todos sienten.

WIKIPEDIA

🍻La Pola…