Bebiendo en Marte
El alcohol conquista el espacio.
🟫 Tony Aleman
La conquista de Marte ha dejado de ser una fantasía de las novelas de Ray Bradbury para convertirse en un objetivo logístico en las agendas de agencias espaciales y empresas privadas. ¿Cómo será el acto de beber en un mundo donde la física, la biología y la química se comportan de manera radicalmente distinta?
_____
Más allá de la propulsión de los cohetes y los sistemas de soporte vital, surge una pregunta que toca la fibra más profunda de nuestra civilización: cuando los primeros colonos se establezcan en el Planeta Rojo, ¿cómo celebrarán sus logros?
Beber en Marte no será simplemente una cuestión de supervivencia o hidratación; será el último bastión de la cultura humana en un entorno hostil. Pero para llegar a ese brindis marciano, la ciencia actual está teniendo que rediseñar desde el recipiente hasta la propia naturaleza de la fermentación.
El Desafío de la Gravedad
En la Tierra, la gravedad es la aliada silenciosa del sumiller. Es la que permite que el vino caiga con elegancia en el fondo de una copa y que los aromas asciendan hacia nuestra nariz.
En la microgravedad del espacio, o en la gravedad reducida de Marte (que es aproximadamente el 38% de la terrestre), los fluidos se comportan de forma caprichosa. Se convierten en esferas flotantes que se adhieren a las paredes por tensión superficial.
Beber de una copa abierta en el espacio es imposible; el líquido simplemente se quedaría pegado al fondo o saldría flotando en forma de orbes peligrosos para la instrumentación.
Por ello, el diseño de «copas espaciales» es hoy un campo de estudio serio. Investigadores de la Universidad de Portland, financiados por la NASA, han desarrollado vasos de polímero que utilizan la geometría capilar.
Estos recipientes tienen un ángulo agudo en un lateral que «tira» del líquido hacia arriba, emulando la tensión superficial para que la bebida llegue al labio del astronauta sin necesidad de pajitas. Es la ingeniería devolviéndonos la dignidad de beber con los bordes del vaso, permitiendo que el sentido del olfato participe de nuevo en la experiencia.
Fermentación en el Vacío
Si queremos beber en Marte, tendremos que producir allí. Transportar botellas de whisky o vino desde la Tierra es prohibitivamente caro (miles de dólares por kilo de peso). La solución es la producción local, pero fermentar en el espacio es un reto biológico sin precedentes.
Actualmente, ya se están realizando experimentos críticos. En 2011, la destilería escocesa Ardbeg envió muestras de partículas de roble y destilado a la Estación Espacial Internacional (EEI).
El objetivo era estudiar cómo la microgravedad afectaba la interacción entre los terpenos de la madera y el alcohol. Los resultados fueron sorprendentes: el whisky envejecido en el espacio mostró un perfil de sabor drásticamente diferente al de control en la Tierra, con notas mucho más intensas de humo, caucho y antiséptico.
Por otro lado, la fermentación de la cerveza presenta un problema físico: las burbujas de dióxido de carbono. En la Tierra, el gas sube a la superficie. En gravedad cero, el gas permanece suspendido en el líquido, creando una especie de espuma densa que no se separa.
Esto no solo afecta la textura, sino que para el astronauta es un problema gástrico: al no poder eructar (el gas y el líquido no se separan en el estómago), beber cerveza carbonatada tradicional sería extremadamente doloroso.
Se están investigando levaduras que produzcan menos gas o métodos de carbonatación controlada que permitan disfrutar de una «fría» en un domo marciano sin efectos secundarios.
Viñedos espaciales
¿Podremos beber vino de Marte?
La respuesta podría estar en la botánica extrema. En 2020, 12 botellas de vino de Burdeos y 320 sarmientos de vid regresaron de la EEI tras un año de exposición.
Los investigadores notaron que las vides no solo sobrevivieron, sino que crecieron más rápido que sus contrapartes terrestres, como si la falta de gravedad hubiera activado un mecanismo de defensa o aceleración biológica.
El suelo de Marte, el regolito, es tóxico debido a la presencia de percloratos. Sin embargo, experimentos de la Universidad de Wageningen en los Países Bajos han demostrado que, mediante la limpieza del suelo y la adición de materia orgánica, es posible cultivar plantas.
El reto para un «Château Mars» será la falta de luz solar directa (un 60 % menos que en la Tierra) y la radiación. El vino marciano, probablemente, se cultivará en invernaderos subterráneos bajo luz LED, lo que dará lugar a un terroir tecnológico: vinos definidos no por el clima del cielo, sino por el espectro de luz programado por un ordenador.
La ética y la psicología
Más allá de la técnica, está la psicología. Beber ha sido siempre una actividad social y un reductor de estrés. En el aislamiento extremo de una base marciana, un destilado artesanal hecho de papas o granos cultivados en el lugar podría ser vital para la moral de la tripulación.
Sin embargo, las agencias espaciales son tradicionalmente puritanas respecto al alcohol debido a la seguridad. Pero a medida que pasamos de «misiones de exploración» a «colonias permanentes», la prohibición será insostenible.
Se están diseñando protocolos de «consumo responsable espacial», donde la IA de la base monitoriza los niveles de alcohol en sangre para asegurar que, en caso de una descompresión de emergencia, todos estén en plenas facultades.
El primer brindis
El primer sorbo de algo fermentado en Marte no sabrá como nada que hayamos probado en la Tierra. Tendrá el sabor del hierro del suelo, la precisión de la ingeniería capilar y el carácter de una levadura que ha mutado bajo la radiación cósmica.
Como lectores de Beberbien.com, debemos entender que la carrera espacial es una carrera por la cultura líquida. Beber en Marte será el acto supremo de rebeldía humana contra un universo estéril.
Cuando el primer colono levante su copa de diseño capilar y brinde mirando hacia un pequeño punto azul en el cielo, estará confirmando que, sin importar a qué planeta vayamos, nuestra necesidad de celebrar la vida con una buena bebida siempre viajará con nosotros.
Nota de cata del futuro
Se espera que los primeros whiskys marcianos tengan notas metálicas y una maduración acelerada, debido a las constantes fluctuaciones térmicas y la radiación, creando perfiles de sabor «galácticos» que hoy solo podemos imaginar.
_____