Los intomables

Que los valientes se atrevan.

Los peores whiskys saben a pintura acrílica de segunda mano, a árbol chamuscado después de una mala decisión y a cartón mojado que pidió clemencia y no la obtuvo. Son, en esencia, una traición embotellada.

Cualquier ciudadano con instinto de conservación —y papilas gustativas en condiciones— debería mantenerse a prudente distancia de estos brebajes criminales. Porque el beber nuestro de cada día no debería parecer un experimento químico fallido.

Debería ser, simple y elegantemente, beber bien. No envenenarnos con entusiasmo.

Mi boca tiembla como si hubiera firmado un contrato que no leyó. Un aroma salado —sospechosamente marino, peligrosamente sospechoso— invade mi sistema nervioso y toma el control sin pedir permiso.

Frente a mí, el director de la destilería, autor intelectual de este atentado líquido, observa la escena con una sonrisa que no inspira confianza sino demandas legales. Acaba de servirme una muestra “secreta” de sus whiskys raros. Yo, en cambio, acabo de descubrir que “secreto” es otra forma elegante de decir “nadie sobrevivió para contarlo”.

«¿¡Qué demonios es esto!?», grité al probar un whisky llamado Levant Highlands Black Peak, que tiene el terrible privilegio de ser «el peor whisky del mundo», con un puntaje de 12.6 (entre uno y 100). ¡Increíble llamarlo whisky!… Mejor llamarlo «jarabe para la tos».

Levant Highlands – Black Peak es embotellado en el Líbano, algo poco común porque la gran tradición del whisky proviene de Escocia, Irlanda, Estados Unidos y Japón.

Este whisky se volvió famoso por una razón poco gloriosa: algunos críticos y aficionados lo han descrito, con una mezcla de humor y crueldad.

Por qué ganó esa reputación

Los comentarios más repetidos de catadores y consumidores mencionan:

  • Sabor áspero y alcohólico, con poca complejidad.
  • Aroma muy fuerte a alcohol crudo, casi como aguardiente.
  • Falta de maduración real en barrica, lo que deja un perfil muy plano.
  • Sensación de whisky joven o mal equilibrado.

Un dato curioso

Paradójicamente, esa fama negativa lo volvió un objeto de curiosidad. Algunos coleccionistas y periodistas de bebidas lo buscan solo para decir que lo probaron. En degustaciones informales suele aparecer como “la botella que nadie quiere terminar”.

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La «lista de la vergüenza» de whiskybase.com ha puntuado a más de 92.000 whiskys en medio mundo.

LANZA-LLAMAS

“White Dog” es un whisky polaco envejecido en un barril de metal durante tres años en una destilería de vodka. Cuando salió al mercado, el director de marketing dijo: «Ya que Francia no ha mantenido el monopolio del buen vino, ¿por qué Escocia debería tener el monopolio de un buen whisky?». Resultado: el White Dog es un desastre al lado del scotch. Por algo tiene un perro pintado en la botella. ¿Será un whisky para perros?

¿Mi opinión? «Esto no es un whisky. Me recuerda al vodka vietnamita, parecido a un lanza-llamas».

“Mykulynetsky Brovar Mykulnetske” es el primer whisky autóctono de Ucrania. Los ucranianos sostienen que tiene un «sabor suave y cálido con notas de chocolate con leche». Muy lejos de la verdad. Solo tiene «sabores químicos».

Un buen catador amigo mío, percibió en su nariz el aroma de «árbol quemado” y me comentó en voz alta: “¡La experiencia es diabólica!»… Y lo repitió varias veces.

«INTOMABLES»…

El «Torfrauch-Gerstenmalz» es el primer whisky de un productor alemán de ginebra y aguardiente. Punto en contra: el whisky ni siquiera figura en la página web de la empresa.

“Ole Smoky Tennessee Moonshine” (Made in USA) es más ginebra que bourbon (el whiskey americano). Un detalle llamativo: es vendido en frasco, como si fuese un recipiente de dulce.

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En una de mis visitas a las pistas de esquí de los alrededores, probé el Ole Smoky Tennessee Moonshine, con sabor de cartón húmedo y un dulzor artificial nauseabundo. No es que tenga la costumbre de beber pintura, pero imagino que así sabe la pintura acrílica. Espesa, aceitosa y seca, pegándose al interior de la boca mientras mi cerebro exclama «¡no bebas esto!».

“Mount Everest NAS” se embotella en una antigua destilería en Nepal, como una mezcla de «alcohol nepalí de la más alta calidad y whisky escocés de Glasgow».

El componente escocés (de gusto extraño) y el alcohol nepalí, de quién sabe qué origen «chino», confiere un carácter medicinal al espíritu. Con una graduación alcohólica de 85.6, tiene el suficiente poder para mover las piernas de alguien con muletas. Además, nunca te llevará a la cumbre del Everest, porque terminarás perdido en las montañas, borracho a más no poder.

El “Signatory Vintage” de 1976 de una pequeña destilería en Perthshire (pueblo de postal de las islas británicas), es el whisky escocés peor valorado de la lista. Tiene notas de «aceite de hígado de pescado y calcetines de gimnasia».

En cambio, el whisky escocés mejor valorado es un Signatory Vintage de 1969, con puntuación de 96,93 sobre 100 y un valor de más de 15.000 dólares la botella.

¿QUIÉN FUE EL DEMENTE?…

Japón lleva elaborando whiskys al estilo escocés desde la década de 1920. Sus maltas son de excelente calidad, pero eso no quiere decir que no haya algunas manzanas podridas en un barril.

«Monde Usuikyou» es embotellado en una pequeña destilería de la ciudad de Yamanasi. ¿Cómo describir este vil líquido? En nariz se percibe a metal, algo de jerez y basura vieja. ¿A qué sabe? A goma quemada, como cuando un semirremolque pisa los frenos.

Después de beber un whisky mejor, todavía podía sentir este miserable espíritu en mi boca. Es horroroso. Uno de mis compañeros catadores (con el que compartí gustosamente una muestra) preguntó: «¿Quién fue el demente que embotelló esta cosa?… ¿Quién?».

Otras marcas «nefastas» de la lista de whiskybase.com: Whesskey Hessischer Mais Whisky (Alemania), Highlands Whisky Red (Egipto), White Castle 05 (Filipinas), Waldviertler Whisky J. H. (Austria), John B. (Holanda), Lost Spirits Paradiso (EEUU), 8PM Rare (India) y Safari Whisky (Kenia).

¡ESPANTOSOS!

No se trata de espectáculos de terror de China, Tailandia o Uganda, donde abundan los whiskys falsificados. Estas terribles bebidas (enumeradas en orden alfabético) proceden de los principales países productores de whisky y están al acecho en la estantería de una licorería cercana.

Bell’s: es un «escocés», aunque nadie lo crea. No entiendo cómo este whisky consigue vender más de dos millones de cajas al año.

Clarke’s: anunciado como un bourbon, es tan insustancial como un fantasma. Clarke’s es tan malo que suele provocar resacas incluso en un consumo moderado.

Kentucky Gentleman: al igual que Bell’s, es difícil imaginar cómo se vende. ¿Por qué alguien se gastaría 10 dólares por un litro de este bourbon cuando otro muchísimo mejor, como «Jim Beam», cuesta apenas unos dólares más?

Loch Dhu 10 años: el peor single malt jamás hecho fue lanzado a mediados de la década de 1990 y señalado desde entonces como «el whisky negro». Es lo suficientemente miserable como para ganarse ese nombre solo por su sabor. El color del whisky es negro como el café.

Además, es tan amargo como una mala taza de café. Sin embargo, en un indicador de la locura del mercado de los coleccionistas de whiskys raros, es ahora un artículo de colección.

Seagram’s VO: Otro espíritu que hace justicia al dicho de que «el whisky canadiense es solo vodka de color». El líquido sabe a falso jarabe de arce mezclado con betún de zapatos mojado en alcohol… pero, inexplicablemente, tiene miles de seguidores.

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El Whisky es una denominación de origen. El único país en donde se produce es Escocia, donde se lo conoce como SCOTCH (escocés, en inglés). El Whiskey es de Irlanda, aunque es un nombre oficial en varios países, EE. UU. entre ellos, donde también lo llaman Bourbon