La revolución universal del bendito «mate»

Cada vez más países adoptan una bebida de mil historias.

Guillermo Pérez Rossel

BEBERBIEN. En el recipiente llamado “mate” se bebe una infusión homónima, que consiste en hojas desecadas y trituradas de yerba mate, colocadas dentro del recipiente. El recipiente es de uso grupal y las costumbres coinciden en que se comparten el recipiente, una bombilla y la bebida.

Tan amargo e intenso como un café ristretto italiano, el mate parecía una infusión demasiado folclórica como para conquistar al mundo… y sin embargo es lo que está ocurriendo. Hasta mediados del siglo pasado, la yerba mate era eso, pura hoja triturada de la planta llamada Ilex Paraguayensis.

A lo sumo las mujeres le agregaban al mate, además de agua caliente, una cascarita de naranja, un poco de miel, o se le agregaba algún yuyo (hierba) medicinal. A los niños se la servía con leche (“mate cocido”) para que pudieran cabalgar hasta la escuela fortalecidos por ese desayuno. Pero el segundo milenio tomó por asalto a la yerba mate y la transformó en un laboratorio mundial donde se experimentan sabores, propiedades y acompañamientos.  

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El mate no tiene origen gauchesco ni tanguero; es del más auténtico cuño guaraní: era la bebida familiar de los indígenas de un vasto territorio en Paraguay.

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En Paraguay aún se llama “Tereré” y se prepara con agua fría, todo lo contrario al resto de países de la región, donde se bebe “calentito”, con azúcar (dulce) o sin ella (amargo).  

Los uruguayos viajamos con el mate, así que hace muchos años, en mi primer vuelo a EEUU, cargué mis enseres materos en la maleta. ¡Casi me meten preso en la Aduana por culpa de un perro cazador de drogas excesivamente desconfiado! Me vaciaron la maleta, encontraron el paquete de la yerba más fuerte, como me gusta, y quedaron intrigados.

“¡¡¿¿Qué es esto??!!” me preguntaron. Pensé rápidamente y resolví no llamarlo “yerba”: “Es una hierba medicinal”, mentí descaradamente. Olieron, probaron y finalmente me dejaron ir… Por diez años viajé privado de mi mate por temor a los perros ignorantes. Hoy no importa tanto, ya que encuentro yerba mate vaya donde vaya.

El Papa Francisco, fanático del mate.

ANTI-ENVEJECIMIENTO

La acción estimulante de la “mateína” es equivalente a la cafeína que hace del café y el té tan apetecibles. Cada paquete de un quilo de yerba contiene 2.5 gramos de cafeína, y cada quilo de café, 2.6 gramos. Además de cafeína, la yerba mate contiene antioxidantes, potasio, aminoácidos y vitaminas. Aseguran que aumenta el colesterol “bueno”, ayuda a retardar el envejecimiento, aumenta la resistencia física y acelera el metabolismo, haciendo que el organismo consuma más rápidamente los carbohidratos.

Los molinos yerbateros y las marcas de la región de consumo masivo, aprovechan los rumores, las sospechas y los hechos, para lanzar al mercado decenas o cientos de mezclas de Ilex paraguayensis con toda la herboristería imaginable. La misma yerba es hoy el ingrediente activo de una famosa crema recomendada por fisioterapeutas, quiroprácticos y deportistas, conocida como Biofreeze en la tierra del Tío Sam.

RUMBO A MEDIO ORIENTE

Ya se lo usa en la fortificación de harinas, elaboración de cosméticos, licores, caramelos, hamburguesas y sopas deshidratadas.  Fuera del “Cono Sur”, se suele consumir el mate en saquitos, como el té o el café. En norte de Argentina hay máquinas dispensadoras, como las de café, que lo ofrecen fuerte, liviano, con leche o con crema. En los estados norteños de Brasil, se lo consume con sabores, como ananá y coco.

Hace unos años la Coca Cola compró una de las más grandes yerbateras de Brasil (Mate Leâo). Experimentó y elaboró un refresco que no fue muy popular en la región, pero para sorpresa de todos pegó bien en Japón. Pero, no es allí donde se impuso el mate fuera de las Américas, sino en Medio Oriente. El hábito, con la misma liturgia que en Argentina y Uruguay, fue llevado por emigrantes armenios, sirios o libaneses que regresaban a su país natal, donde sus parientes, vecinos y amigos, también lo adoptaron con entusiasmo.  

MATE «FOR EXPORT»

La yerba mate está ganando posiciones en EEUU. Uno de los ejemplos de su expansión se da en la ciudad de Santa Bárbara, cerca de Los Ángeles (California), donde el mate cocido se sirve en todos los bares, a la par del café y de las bebidas cola.

Como beberlo en grupo y con bombilla les resulta desagradable (lo comparan con compartir una cuchara con un desconocido a la hora de comer un postre), los estadounidenses crearon su propio método: en la misma máquina que usan para servir italianísimos espressos, reemplazan el café por yerba, le aplican un shot de agua hirviendo y ¡listo! En Miami y otras ciudades se vende yerba en lata dorada… la popular Materva, nacida en Cuba hace más de 50 años y re-lanzada en los años 60.

NUNCA DIGAS «GRACIAS»…

El mate es una bebida desbordante de mitos, realidades y sospechas: para buena parte del Cono Sur de América, el hábito del mate ronda la liturgia. Por lo pronto, si te convidan con uno en Argentina, Uruguay o el sur de Brasil, jamás agradezcas al anfitrión si no quieres ser malinterpretado, pues eso significa que no te gustó o que ya no quieres más. Recibir un mate frío significa que el cebador te desprecia, si demasiado caliente, te odia. Si le agregaron una hojita de ombú, quieren divertirse contigo, pues con ese agregado se transforma en un laxante de efecto fulminante.

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¿Una bebida milagrosa con olor a tierra?

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T W I T T E R

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